La leyenda continúa

El cuadragésimo aniversario de la saga de The Legend of Zelda fue celebrado de manera entusiasta por sus fans, pero sin mucho aspaviento por parte de Nintendo. Esto ha causado cierto nivel de frustración en la comunidad.

Pero aún cuando hubiera sido agradable recibir la noticia de un nuevo juego que añadir a la saga, o la republicación de un clásico de antaño, la empresa no ha estado totalmente cruzada de brazos. Después de todo hay una película siendo producida, un todavía reciente Hyrule Warriors: Age of Imprinsoment, y varios hermosos sets alusivos de Lego.

Hace unos tres lustros escribí una breve nota al respecto de otro aniversario de la saga, y sigo de acuerdo conmigo en una de las declaraciones realizadas: conforme envejezco, la estatura de la leyenda crece. Pero no de manera inmerecida.

Todavía recuerdo el inicio de mi primera partida de Breath of the Wild en el Switch: el despertar de Link; las primeras interacciones con objetos dentro del templo; la salida hacia el exterior. Y en cuanto pone un pie afuera, escuchamos los primeros acordes de la maravillosa pista musical, al tiempo que el videojuego nos muestra la magnitud del Hyrule por explorar.

Esa fue, ciertamente, una extraordinaria introducción al juego.

Y observando los títulos posteriores, sobra decir que el señor Eiji Aonuma parece estar realizado un excelente trabajo. Sin embargo las buenas ideas pueden tardar un poco en concretarse en un videojuego, independientemente del talento del equipo desarrollador.

En el caso de consolas no portátiles, la mediana de tiempo entre lanzamientos de la saga es de unos cuatro años y medio. Con eso en mente, me resigno a una paciente espera pues comprendo que el desarrollo de un videojuego de calidad puede tomarse varios años en salir a la luz.

Feliz aniversario.

🥂

 

Trifuerza ’86

Un veintiuno de febrero, pero de hace treinta y nueve años, fue lanzada en Japón la entrega inaugural de una de las mejores y más queridas sagas de videojuegos: The Legend of Zelda.

Recuerdo que renté el emblemático cartucho dorado en un video club cercano y dediqué el fin de semana a explorar la totalidad del reino de Hyrule. O ese era el objetivo, ya que mi natural lentitud y el limitado lapso de renta confabularon para que no terminara el juego esa primera vez. Ni la segunda, tercera, cuarta, o quinta…

Pero la victoria llegó eventualmente algunos años después, cuando por fin adquirí el cartucho con mis propios medios y dejé de preocuparme de las multas por devolución tardía.

A casi cuarenta años después, la leyenda sigue vigente.


Postdata: Por cierto, ¿qué nos tendrá Nintendo preparado para el próximo aniversario? ¿Una nueva entrega? ¿Un refrito? ¿Una compilación? ¿Un “muchas gracias por su preferencia”? Misterios misteriosos…