Me parece que fue el año pasado cuando me topé con una publicación en algún grupo rolero de Facebook, donde el autor comentó que él sentía cringe cuando en una partida de rol entre hispanohablantes, los jugadores usaban los términos en inglés del idioma original del juego. “¿No sería mejor…”, se preguntó retóricamente el autor, “…hacer toda la partida en inglés?”
No sé si la ironía de haber usado un término anglosajón, o la absurdidad de su pregunta retórica, fue algo premeditado por parte del autor, pero respiré profundamente y seguí adelante con la lectura algorítmicamente programada para mi consumo por Don Zuckerberg. Hubiera podido quedarme a presenciar el inevitable flame war, pero ver memes de gatitos fue la opción más saludable.
El usar los manuales de juegos de rol en inglés para jugar con los amigos en el idioma materno, es la manera que aprendí hace ya más de tres décadas y sigue funcionando. Por supuesto, las partidas rebosan con anglicismos y barbarismos, pero la pureza lingüística no es el punto del juego; y a la fecha no hemos recibido citatorio de la Real Academia Española para presentarnos ante El Pleno y ofrecer una disculpa formal.
En lo personal, me parece que consideraría preferente el uso de juegos de rol traducidos solo cuando dichos juegos estén basados en obras literarias con un corpus ampliamente traducido al español, como el de H.P. Lovecraft o el de J.R.R. Tolkien, que traen consigo su propia jerga con la que los jugadores probablemente ya están familiarizados en nuestro idioma.
En el espíritu de esa preferencia, adquirí hace poco el manual básico de El Anillo Único, y ya lo estoy leyendo.
Ya se antoja una excursión a La Comarca.
